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Palabras, pistas y juegos en español

La lengua española

Por qué la RAE sacó la CH y la LL del abecedario

De 1803 a 2021: dos siglos de idas y venidas, y por qué una decisión ortográfica acabó partiendo en tres el mundo de los juegos de palabras.

Marta Ferrer 7 min de lectura

Durante casi siglo y medio, cualquier niño español recitaba el abecedario con veintinueve letras: a, be, ce, che, de, e, efe… Hoy son veintisiete. La CH y la LL desaparecieron, y con ellas se fue una parte de cómo entendíamos nuestro propio alfabeto.

No fue un capricho, y tampoco fue en 2010, aunque esa sea la fecha que todo el mundo repite. La historia es más larga y bastante más razonable de lo que suele contarse.

Qué es exactamente un dígrafo

Un dígrafo son dos letras que representan un solo sonido. En español tenemos cuatro: CH, LL, RR y QU. También GU cuando suena como en guerra.

La diferencia entre un dígrafo y una letra es sutil pero real. Una letra es un signo del alfabeto. Un dígrafo es una combinación de dos signos que, juntos, valen por un sonido. La pregunta que la Academia tardó dos siglos en responder es si CH y LL eran una cosa o la otra.

1803: cuando entraron

La Real Academia Española incorporó la CH y la LL al abecedario en la cuarta edición de su diccionario, en 1803. La lógica era fonética: representaban sonidos propios que ninguna letra suelta podía dar, así que parecía natural darles rango de letra.

Aquello tuvo una consecuencia práctica enorme durante casi dos siglos: el orden alfabético cambiaba. En cualquier diccionario español de antes de los noventa, las palabras que empezaban por CH iban en su propia sección, después de la C completa. Chico no estaba entre cerca y ciclo: estaba después de cuzco.

Quien haya buscado llave en un diccionario de los ochenta recordará el desconcierto de no encontrarla entre lividez y lobo.

Cualquiera que estudiara antes de 1994

1994: el primer paso, y el que de verdad importó

En el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en Madrid en 1994, se tomó la decisión que cambió el día a día: ordenar la CH y la LL dentro de la C y la L, como en el resto de alfabetos latinos.

A partir de ahí, chico volvió a su sitio entre cerca y ciclo. Seguían siendo letras del abecedario, pero ya no rompían el orden.

El motivo fue eminentemente práctico: la informatización. Los sistemas de ordenación internacionales trabajan con el alfabeto latino básico, y mantener dos letras que se ordenaban aparte convertía cualquier base de datos en español en un caso especial.

2010: la formalización

La Ortografía de la lengua española de 2010 dio el paso final: CH y LL dejaron de considerarse letras del abecedario y pasaron a ser lo que funcionalmente ya eran, dígrafos.

Conviene subrayar lo que no pasó, porque es donde se genera la confusión:

  • No desaparecieron del idioma. Chico y llave se siguen escribiendo igual.
  • No cambió su pronunciación.
  • No se prohibió llamarlas «che» y «elle».

Solo cambió su estatus en la lista. El abecedario español pasó a tener veintisiete letras: las veintiséis del alfabeto latino más la Ñ.

Por qué la Ñ se quedó y ellas no

Es la pregunta lógica y la respuesta es limpia: la Ñ es un signo único, no una combinación de dos. Es una N con una virgulilla encima, un solo carácter. La CH son dos caracteres, C y H, que ya existen por separado en el alfabeto.

El criterio que aplicó la Academia es ese: es letra lo que se escribe con un signo. Todo lo demás es dígrafo, por mucho que suene a sonido propio. Por eso la Ñ sigue en el abecedario y por eso la RR y la QU nunca llegaron a estar.

Dónde sí sobrevivieron: los juegos de palabras

Aquí viene lo interesante, y es la razón por la que esto no es solo historia de la lengua.

El Scrabble en español se diseñó cuando CH, LL y RR eran letras. Por eso el juego trae una ficha para cada una: la CH vale 5 puntos, la LL y la RR valen 8. Y el reglamento de la Federación Internacional de Scrabble en Español prohíbe expresamente formarlas juntando dos fichas sueltas.

La decisión de la RAE no cambió eso de golpe, y durante años se convivió con la contradicción: un juego que trataba como letras lo que la Academia ya había degradado a dígrafo. Lo contamos entero en las reglas del Scrabble en español.

Hasta que Mattel actualizó el juego. Las ediciones modernas, y en particular la de 2021, retiran las fichas de dígrafo precisamente porque la RAE los sacó del abecedario. A cambio entra la K, con 10 puntos.

Línea de tiempo con las fechas clave de la CH y la LL en el abecedario español
De 1803 a 2021: dos siglos de idas y venidas.

El resultado: tres juegos incompatibles

Una decisión ortográfica acabó partiendo en tres el mundo de los juegos de palabras en español. Hoy conviven:

Juego Dígrafos Valor de CH Valor de LL y RR
Scrabble clásico (FISE) sí, ficha propia 5 8
Apalabrados no C+H = 7 2 fichas de 1
Mattel 2021 no C+H = 7 2 fichas de 1 y 2

La misma palabra vale distinto en cada uno. CARRILLO son 22 puntos en el reglamento FISE y 10 en Apalabrados. Y ojo, funciona también al revés: ACHACHARSE vale 20 en Apalabrados y solo 16 en el clásico, porque la ficha CH cuesta 5 mientras que una C y una H sueltas suman 7.

Cuántas palabras hay en juego

En nuestro diccionario, construido a partir de fuentes libres:

  • 25.823 formas llevan CH
  • 26.255 llevan LL
  • 28.615 llevan RR

Son cifras grandes: aproximadamente una de cada veinte palabras del español contiene alguno de los tres. Puedes verlas en palabras con CH, con LL y con RR.

Los otros dígrafos, los que nunca fueron letra

La RR nunca estuvo en el abecedario, y eso descoloca a mucha gente que la ve tratada como letra en el Scrabble. El motivo es histórico: cuando la Academia hizo la lista en 1803, la RR se consideró una variante posicional de la R, no un sonido independiente, porque nunca aparece ni al principio ni al final de palabra.

Con la QU pasa algo parecido, aunque por otra vía: se entiende como una forma de escribir el sonido de la K delante de E e I, no como una unidad propia. Y la GU de guerra es el mismo caso.

Es una asimetría curiosa. El Scrabble incluyó la RR como ficha aunque la RAE nunca la hubiera reconocido como letra, seguramente por simetría con las otras dos y porque en español hay 28.615 formas que la llevan: dejarla fuera habría desequilibrado el reparto.

Y la Ñ, que estuvo a punto

Merece un párrafo porque a principios de los noventa se dio por hecho que caería. La Comunidad Económica Europea llegó a plantear que los teclados comercializados en España no tuvieran que incluirla, por armonización del mercado. Hubo una reacción pública considerable y la propuesta se retiró en 1991.

Aquello no tenía que ver con la ortografía sino con el comercio, pero dejó una idea instalada: que la Ñ era prescindible. No lo es, y por el criterio que aplicó la Academia en 2010 —es letra lo que se escribe con un signo— su sitio nunca estuvo realmente en discusión.

Lo que queda de todo aquello

El abecedario tiene veintisiete letras y la CH y la LL son dígrafos. Pero siguen siendo la columna vertebral de la ortografía española, y en el Scrabble de tablero siguen teniendo su ficha, su valor y su regla propia.

Hay algo bonito en eso: una decisión académica de 2010 no consiguió borrar del todo un criterio de 1803, porque un juego de mesa lo había fijado por escrito. Los idiomas cambian más despacio de lo que se legisla.

Si quieres ver el efecto en números concretos, el contador de puntos desglosa cualquier palabra en los tres repartos a la vez.