Saltar al contenido

Palabras, pistas y juegos en español

Crucigramas y pasatiempos

Autodefinidos: en qué se diferencian

Las definiciones dentro de la rejilla obligan a comprimir, y eso genera una ambigüedad que el crucigrama clásico no tiene.

Marta Ferrer 6 min de lectura

Un autodefinido parece un crucigrama con las definiciones metidas dentro. Y lo es, pero esa diferencia de formato arrastra otras que cambian cómo se resuelve. Quien los aborda con la técnica del crucigrama clásico se atasca en sitios donde no debería.

Qué es exactamente

En un crucigrama clásico las definiciones van en una lista aparte, numeradas, y la rejilla solo tiene casillas negras y blancas. En un autodefinido las definiciones ocupan casillas de la propia rejilla, con una flecha que indica hacia dónde va la respuesta.

De ahí el nombre: la rejilla se define a sí misma. No hay que ir y volver entre la lista y el tablero.

Las tres consecuencias del formato

1. Las definiciones son más cortas

Y esto lo cambia todo. En una casilla caben pocas palabras, así que el autor tiene que comprimir. Donde un crucigrama clásico pone «Ave palmípeda de cuello largo», un autodefinido pone «Ave» y ya.

Resultado: mucha más ambigüedad. Una definición de dos palabras puede encajar con cinco respuestas distintas, y solo las letras cruzadas deciden cuál.

La consecuencia práctica es que en un autodefinido hay que resistir más la tentación de escribir. Una respuesta plausible mal puesta contamina toda una zona.

2. Se pierden casillas

Cada definición ocupa espacio que en un crucigrama clásico sería rejilla. Un autodefinido del mismo tamaño físico tiene menos palabras que un crucigrama, y las palabras tienden a ser más cortas.

Eso concentra todavía más el relleno: aparecen aún más palabras de tres y cuatro letras del repertorio de siempre. Están en las definiciones que se repiten en todos los crucigramas.

3. Aparecen las flechas dobles

Una casilla puede contener dos definiciones, una con flecha horizontal y otra con flecha vertical. Es la señal más útil de toda la rejilla.

Cuando encuentras una flecha doble, tienes dos palabras que arrancan del mismo punto. Si resuelves una, la otra empieza por una letra conocida. Es donde conviene atacar primero.

Diferencias de estructura entre un crucigrama clásico y un autodefinido
Las definiciones dentro de la rejilla acortan el texto y reducen el número de palabras.

El orden que funciona

Distinto del crucigrama clásico, precisamente por las flechas dobles.

  1. Busca las flechas dobles y resuelve lo que sepas de ellas. Cada una que caiga te da la inicial de dos palabras.
  2. Barre las definiciones de una palabra —las de «Ave», «Nota musical», «Consonante»— y rellena las seguras.
  3. Vuelve a las ambiguas, que ahora tendrán letras cruzadas.
  4. Ataca las esquinas al final: son la zona con menos cruces y más difícil de deducir.

La diferencia con el crucigrama clásico está en el paso 1. Allí conviene empezar por lo que sabes esté donde esté; aquí conviene empezar por donde la estructura da más rendimiento.

Las abreviaturas del enunciado

Como el espacio es escaso, los autodefinidos abusan de las abreviaturas más que ningún otro pasatiempo. Las que hay que reconocer sí o sí:

  • Símb. — símbolo químico: FE, NA, SN, AU
  • Inv. — la respuesta va al revés
  • Pl. — plural, así que acaba en S o ES
  • Fig. — sentido figurado
  • Mús., Bot., Náut., Dep. — el campo del que sale la palabra
  • P. us. — poco usado; prepárate para algo raro
  • Amér. — americanismo

Esa última merece atención. Los autodefinidos tiran mucho de americanismos porque suelen tener estructura vocálica cómoda: ÑATO, ÑAPA, POROTO, GUARO. Si un autodefinido español te parece imposible, mira si es de un periódico americano.

Los formatos que te vas a encontrar

Autodefinido clásico

Flechas simples y dobles, definiciones de dos a cinco palabras. El de las revistas de pasatiempos.

Autodefinido con imágenes

Algunas casillas llevan un dibujo en lugar de texto. Suele ser un objeto concreto y la respuesta es su nombre. Fáciles, salvo cuando el dibujo es ambiguo y no sabes si quieren VASO o COPA.

Autodefinido temático

Todas las respuestas de una zona pertenecen a un campo: cine, geografía, cocina. Si identificas el tema pronto, ganas mucho.

Cuando te atascas

El atasco típico del autodefinido es distinto del clásico. No es que no sepas la respuesta: es que sabes cuatro respuestas posibles y la definición es demasiado corta para decidir.

Ahí la herramienta correcta es la búsqueda por patrón: escribes las letras que ya tienes cruzadas y pones un comodín donde no sabes. ?a?a devuelve todas las palabras de cuatro letras con A en segunda y cuarta posición.

Con dos letras cruzadas, una definición ambigua deja de serlo casi siempre. El método completo de resolución está en cómo se resuelve un crucigrama sin atascarse.

Por dónde empezar un autodefinido: las flechas dobles primero
Las flechas dobles dan dos iniciales de golpe: ese es el punto de ataque.

Y los primos cercanos

Conviene no confundirlos, porque se resuelven de forma distinta:

  • Crucigrama blanco: sin casillas negras marcadas. Tú decides dónde van. Muchísimo más difícil.
  • Crucigrama silábico: cada casilla lleva una sílaba entera. Cambia el razonamiento por completo.
  • Sopa de letras: no hay definiciones ni vocabulario que saber. Es atención visual pura, y la técnica es buscar letras raras (Z, J, X, K, Ñ) en lugar de leer línea por línea.

Construir uno

Si alguna vez lo intentas, descubrirás por qué las rejillas se parecen tanto entre sí. La restricción es dura: cada casilla pertenece a dos palabras a la vez, y además hay que reservar espacio para las definiciones.

Lo que hacen los constructores es empezar por las palabras largas —las que dan carácter a la rejilla— y rellenar los huecos con vocabulario corto de una lista conocida. Ese relleno es el que se repite en todas partes.

Si quieres probar, las listas de dos letras y tres letras son literalmente la caja de herramientas del oficio, y la búsqueda por patrón sirve para encontrar qué encaja en un hueco concreto cuando la rejilla no cierra.

Y para quien juega también con fichas

El vocabulario del autodefinido y el del tablero se solapan casi por completo. ÑU, OCA, EÑE, XI, ORA, ALA: las palabras que un constructor mete para cuadrar la rejilla son exactamente las que salvan una partida de Apalabrados cuando el tablero se cierra.

La transferencia va en un solo sentido, eso sí. El crucigramista llega al tablero con ventaja; el jugador de fichas no llega a la rejilla con ventaja, porque allí manda la cultura general.

Resumen

  1. Las definiciones dentro de la rejilla obligan a comprimir, y eso genera ambigüedad.
  2. Empieza por las flechas dobles: dan dos iniciales de una vez.
  3. Hay más relleno corto que en un crucigrama clásico.
  4. Las abreviaturas del enunciado son más frecuentes: apréndelas.
  5. Con dos letras cruzadas y una definición ambigua, usa la búsqueda por patrón.